Bastardos sin gloria (Inglorious Bastards)
Francia, 1941. Un granjero francés corta leña. Aparece un coche oficial Nazi y un par de motonetas. Ya desde esta escena de apertura, que referencia claramente al western, Quentin Tarantino nos mete de cabeza en su nueva aventura, que fusiona alegremente géneros como el bélico, la comedia, la acción y el ya mencionado western, en un pastiche absolutamente coherente, con una multitud de aciertos, que se convierte en su mejor film desde "Pulp Fiction".
Tarantino en sí mismo es un género ya. Meta y autoreferencial al mismo tiempo, el 'niño terrible' del cine suele en ocasiones pasarse de listo y terminar mirandose terriblemente el ombligo. Ejemplo de esto son las muy discretas "Kill Bill" y su más reciente film, la lamentable "Death Proof". Pero aquí, toda su imagineria y habilidad está puesta al servicio de una historia compleja, un puzzle que combina no menos de una docena de personajes principales, con increíbles momentos de tensión y una resolución a todo trapo.
De su internacional elenco, se destaca ampliamente Christoph Waltz como el Coronel Nazi Hans Landa, quien brinda un personaje sencillamente maravilloso. Un tipo gracioso y siniestro al mismo tiempo, protagonista de las mejores escenas de la película, quien en un nutrido reparto (donde no faltan caras conocidas: Brad Pitt, Diane Kruger, Myke Myers) termina por ser el personaje/actor que pasamos todo el metraje (dos horas cuarenta que no se notan nunca) esperando que vuelva.
Un regreso a lo grande de Quentin Tarantino, que al menos en este cronista, despierta las ganas de volver a ver y esperar que nuevo proyecto está maquinando. |